—Papi —dice Sandor—, Siegmund aún está aquí.

El niño señala con el dedo. Mattern mira. Al lado de Principessa, en la plataforma de descanso, acurrucado junto al pedal de inflado, duerme Siegmund Kluver, de catorce años, que entró en casa de los Mattern algunas horas después de medianoche para ejercer su derecho. A Siegmund le gustan las mujeres de más edad que él. En los últimos meses ha adquirido una cierta notoriedad. Ahora está roncando: descansa tras un buen trabajo. Mattern lo sacude.

—¿Siegmund? ¡Siegmund, ya es de día!

El joven abre los ojos. Sonríe a Mattern, se sienta, toma su bata. Es atractivo. Vive en la planta 787, y tiene ya un hijo y otro en camino.

—Perdón —dice Siegmund—. Me he dormido. Principessa me ha agotado verdaderamente. ¡Es una salvaje!

—Sí, es muy apasionada —admite Mattern. También lo es la esposa de Siegmund, Mamelón, por lo que ha oído de ella. Cuando sea un poco mayor y más experimentada, Mattern planea comprobarlo. La próxima primavera quizá.

Siegmund mete su cabeza bajo la ducha molecular. Mientras tanto, Principessa ha retirado la cama. Con una breve inclinación de cabeza hacia su esposo, pulsa el pedal y la plataforma se deshincha rápidamente. Empieza a programar el desayuno. Indra, con su delicada, casi diáfana manita, conecta la pantalla. Las paredes brillan con luz y color.

—Buenos días —dice una cálida voz—. La temperatura exterior, por si le interesa a alguien, es de 28°. La población de hoy de la Monurb 116 es de 881.115, con + 102 con respecto a ayer y + 14.187 con respecto al principio de año. ¡Dios bendiga, pero nos estamos quedando atrás! A nuestro lado, en la Monurb 117, han tenido un aumento de 131 con respecto ayer, incluyendo cuatrillizos para la señora Hula Jabotinsky.



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