Tiene dieciocho años y siete hijos previos. Una auténtica sierva de dios, ¿no creéis? Son las 0620. Dentro de exactamente cuarenta minutos, la Monurb 116 se verá honrada con la presencia de Nicanor Gortman, el visitante sociocomputador de Infierno, al que podrías reconocer por su extraño y distintivo atuendo púrpura y ultravioleta. El doctor Gortman será invitado de los Charles Mattern de la planta 799. Por supuesto, todos nosotros le trataremos con la misma amistosa atención que nos dispensamos mutuamente. ¡Dios bendiga a Nicanor Gortman! He aquí ahora las noticias relativas a los niveles inferiores de la Monurb 116…

—¿Oís eso, chicos? —dice Principessa—. Vamos a tener un huésped y tendremos que ser amistosamente atentos con él. Vamos a la mesa.

Una vez lavado, vestido y desayunado, Charles Mattern se dirige al área de aterrizaje, en la planta mil, para reunirse con Nicanor Gortman. Mientras asciende a través del edificio hacia su cima, Mattern cruza las plantas donde viven sus hermanos y hermanas y sus familias. Tres hermanos, tres hermanas. Cuatro más jóvenes que él, dos mayores. Todos ellos se han situado. Otro de sus hermanos, desgraciadamente, murió joven, Jeffrey. Mattern piensa raramente en Jeffrey. Ahora está atravesando las plantas que forman Louisville, el sector administrativo. Dentro de un momento se reunirá con su huésped. Gortman ha realizado un viaje por los trópicos y ahora acude a visitar una monada urbana típica de zona templada. Para Mattern es un honor haber sido nombrado anfitrión oficial. Sale a la plataforma de aterrizaje, que es la auténtica cúspide de la Monurb 116. Unos campos de fuerza la protegen de los aullantes vientos que barren la alta estructura. Mira hacia su izquierda y ve la fachada occidental de la Monada Urbana 115 sumida en las sombras. A su derecha, las ventanas orientales de la Monurb 117 centellean. Bendita sea la señora Hula Jabotinsky y sus once pequeños, piensa Mattern. Puede ver otras monurbs ante él, alineadas en largas filas, lejos y lejos hasta el horizonte, torres de hormigón súper tensado de tres kilómetros de alto, estilizadas agujas, todas ellas idénticas. Es una visión reconfortante. Dios bendiga, piensa. ¡Dios bendiga, dios bendiga, dios bendiga, dios bendiga!



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