
Oye un alegre zumbido de rotores. Una nave rápida está aterrizando. Un hombre alto y robusto, vestido con ropas cuyos colores se hallan en la parte alta del espectro, desciende de ella. Es sin lugar a dudas el visitante sociocomputador de Infierno.
—¿Nicanor Gortman? —pregunta Mattern.
—Dios bendiga. ¿Charles Mattern?
—Dios bendiga, sí. Venga.
Infierno es una de las once ciudades de Venus, que los hombres han remodelado a su conveniencia. Gortman nunca había venido antes a la Tierra. Habla lentamente, sin entonación, con una peculiar uniformidad en la voz; su inflexión le recuerda a Mattern el modo de hablar de los habitantes de la Monurb 84, que visitó en una ocasión en un viaje organizado. Ha leído algunos trabajos de Gortman: sólidos, fírmemente razonados.
—Particularmente me gustó «Dinámica de la Ética Cinegética» — dice Mattern mientras entran en el descensor—. Notable. Una revelación.
—¿Lo cree realmente así? —pregunta Gortman, halagado.
—Por supuesto. Intento seguir los mejores periódicos venusianos. Es fascinante conocer las costumbres extranjeras. La caza de animales salvajes, por ejemplo.
—¿Acaso no tiene esto en la Tierra?
—Dios bendiga, no —dice Mattern—. ¡No podríamos tolerarlo! Pero me gusta tener nuevas impresiones sobre distintos modos de vida.
—¿Mis ensayos son, pues, literatura escapista para usted? —pregunta Gortman.
—Mattern le mira de una forma extraña.
—No comprendo a qué se refiere.
